jueves, 30 de abril de 2009

A imagen y semejanza


Dicen que Jesucristo fue un buen tipo que dio la vida por salvar a toda la humanidad. Yo no estaba, que pasó hace muchos años, siglos dicen, pero eso he oído. Y que me perdonen, que yo no quiero ofender a nadie ni ser hereje ni nada por el estilo, pero el tío sería muy bueno, pero tonto también lo era un rato, porque total, para lo que le sirvió…

 Si no que se lo pregunten a los miles de muertos de todas las guerras presentes, pasadas y futuras, o a los niños que mueren de hambre cada día en todo el planeta, o a las mujeres lapidadas, golpeadas, vapuleadas y humilladas por tantos hombres. Tampoco pretendo ser dogmática ni reaccionaria, pero seguro que como la mayoría de todos esos desgraciados no son católicos pues tampoco se merecen la salvación, digo yo.

 

Total, que al hombre lo crucificaron, o sea, lo clavaron en una cruz de madera hasta que murió desangrado. Qué bestias. Todo eso siempre según la historia que cuentan por ahí, que yo no lo he visto, repito. Estaba en medio de dos ladrones, pero a ellos no los clavaron, sólo los ataron. Pues no lo entiendo. ¿Pero los malos no eran los chorizos? A ver, ¿qué había hecho el pobre hombre, si no ir contando su verdad?

 

Resulta que además al tío lo traicionó un “amigo”, de esos, de los buenos. Y otro lo negó antes de salir él pringado. Cómo molan los “amigos”, sí, sí. Pobre hombre. Además al tío le entró miedo y fue a pedirle ayuda a su padre, o sea a la persona que se supone que más le quería y que debía ayudarle y consolarle, y que además era Dios , o sea que nunca se equivoca. ¿Y qué hizo tal persona? Pues yo no estaba y no oí la conversación, pero parece ser, según las fuentes, que le dijo poco menos que “búscate la vida”, “apáñate que tú te lo has buscado”, “esto es lo que te toca, ya sabías lo que había”, o algo así. Sí, sí, un tío con mucha suerte, dónde va a parar.

 

Así que, como no tenía otro remedio, allá que se fue con aquellos tipos. Con la corona de espinas, que se le iba clavando, o sea, chorreando sangre. Con la cruz a cuestas, que se supone que era el símbolo de los pecados cometidos, y que pesaba lo que no está escrito. Encima le iban dando latigazos por la espalda, por si no tenía bastante. Así hasta que llegó al monte aquel. Qué bestias. Y el hombre aquel viéndolo todo, sentadito en su trono, sin hacer nada por evitarlo, impasible. Luego dicen que descargó sobre la tierra una tormenta de las que hacen época para castigarlos a todos, pero, hombre, haberlo pensado antes, entonces ya no servía para nada, ya estaba muerto, el pobre.

Total, que llegó allí y entonces le clavaron a lo bestia los pies y las manos a la cruz, y le echaron sal o limón o vinagre, o algo que escuece mucho, en las heridas. Igual era para que no se infectaran, hombre, no iban a ser tan crueles como para hacerlo por fastidiar un poco más! Mis hijos saben perfectamente que si pica, cura.

Mientras tanto, a los dos ladrones, que se supone eran los malos de verdad, sólo los ataron, fuerte, eso sí, pero los ataron, no los clavaron, con lo cual no murieron. Repito. No lo entiendo. O sea, que los malos nada y el bueno crucificado. Por hablar. Por decir su verdad. ¡Qué cosas más raras hacen los seres humanos! Y encima tuvo que aguantar durante toda la agonía las risas y el cachondeo de los tíos que tenía a cada lado observando cómo se consumía.

 

Recapitulemos. Traición de un “amigo”, o varios, según se mire. Desprecio y abandono del ser más querido .Coronita de espinas puñetera, cargar con el tronco más pesado que encontraron. Tortura innecesaria, castigo cruel con resultado de muerte, impunidad de los malos de verdad, recochineo de los mismos…


De verdad que no entiendo nada. Además de todo eso dicen que el padre nos creó a todos a su imagen y semejanza. Pues mira tú, que yo creo que me parezco más al hijo, que todo eso me suena…

Amnesia selectiva


He leído que están probando con ratones un fármaco que anula los recuerdos. El tal fármaco es una enzima que inhibe una molécula cerebral. En las pruebas con los pobres bichos, una sola dosis de la susodicha enzima es capaz de borrar el último recuerdo que el ratón haya activado en ese momento. O sea, que además es selectiva. La memoria también es selectiva. Al menos la humana. Bueno, al menos la mía. No quiero decir que olvide lo que me apetece a mi antojo, ojalá pudiera. Pero guarda lo que no le apetece revivir en unos cajoncitos bien cerrados y ahí se quedan hasta que un buen día alguien tira del hilo y los saca de su escondite, hoy por hoy lo suele hacer mi psicóloga. La cuestión es que leer ese artículo me ha hecho plantearme muchas cosas. Me planteo principalmente la posibilidad de poder borrar los recuerdos dolorosos del pasado que actualmente me siguen machacando y doblegando. ¡Qué alivio tan grande dejar de cargar con el peso de mi gran mochila! Incluso me planteo el poder tomar una pastillita diaria, como un anticonceptivo, para borrar las tonterías que tengo que soportar al cabo del día, las veces que me equivoco y meto la pata hasta el fondo o las cosas que me hacen llorar, que son muchas y casi nunca merecedoras de una sola de mis lágrimas.

 

Pero la cosa, en realidad, tiene su miga, no vayamos a creer que es tan fácil como tomar un analgésico para la cefalea y listos.  Se supone que el medicamento, o la enzima, o lo que puñetas sea, no ataca a la memoria implícita, o sea a las emociones, habilidades, etc., sólo lo hace con los “archivos”. Entonces es cuando se me  plantean las dudas. A mí me gustaría poder borrar el dolor que me producen ciertas vivencias, pero sin tales vivencias yo no sería hoy quien soy. Sin mis experiencias, dolorosas o no, desagradables o felices, no me habría convertido en la persona que soy, no tendría ni los principios ni los valores ni las ideologías que hoy tengo. Todo eso que forma parte de mí me viene dado por toda una serie de vivencias, de experiencias, que me han traído al punto en el que me encuentro ahora. Yo soy yo con todos mis fallos y mis grandes cagadas, con mis defectos y virtudes, y me gusto así, tal cual me veo, en general. En particular trato de enmendar las partes que no me gustan, trato de mejorar y de evolucionar. Pero si no hubiera vivido todo lo que he vivido, y si no tuviera estos recuerdos encerrados cada uno en su cajón, seguramente no habría podido llegar a la conclusión de que debo conocerme mejor para cambiar lo que no me gusta de mí misma.

Si borrara esos recuerdos de mi memoria, los que tanto me atormentan a veces, acabaría siendo tal vez demasiado parecida a otras personas que conozco que no han sufrido más allá de la rotura de su muñeca favorita, y que, precisamente por eso, por no haber tenido que superar traumas de esos que hacen que crezcas como persona, son insustanciales, vacías y carentes de todo tipo de valores e inquietudes. Me viene a la cabeza algún personaje que conozco y de los escalofríos que me producen, me dan ganas de tener a mano la pastillita de marras.

 

Así que supongo que, por el momento, me quedaré como estoy, cargando con mi mochila y con mis cajoncitos bien cerrados, que así ya me está bien, creo.

 

Lo que no te mata te hace más fuerte…¿o no?

Show must go on...


Se ha bajado el telón. Las luces se han apagado y el escenario está vacío. No queda nadie en el patio de butacas y ni siquiera resuena ya el eco de  los aplausos. Ha terminado la función y ahora debes dejar el personaje. Quítate el maquillaje, despójate de las ropas suntuosas, suelta las vidas que no te pertenecen. Deja que el mundo vea tu verdadero rostro, muéstrate tal como eres y deja de jugar a las marionetas. No puedes ser eternamente un personaje y ya has jugado bastante, hasta las marionetas se cansan de serlo en tus manos. Dime, cuando sales del personaje, ¿qué te queda? ¿Qué hay debajo de la máscara de belleza, bondad e inocencia que nos muestras? Yo te responderé: NADA. Estás vacía por dentro porque sólo estás llena de ti misma. Tu ego es demasiado grande, tanto que no te deja ver más allá. No tienes valores porque eso te impediría lograr tus objetivos. No eres más que otra muñeca rota con delirios de grandeza. Pero, ay “amiga”, la juventud se acaba y la belleza se evapora. Tú también te harás mayor, también engordarás y tendrás canas. ¿Qué crees que quedará de ti entonces? ¿Dónde crees que estará toda tu corte de admiradores, a dónde habrá ido tu público cuando ya no tengas sonrisas que ofrecer? Nada, porque no hay nada. Ni inteligencia,  ni cultura, ni valores, ni principios, ni moral, ni bondad, ni generosidad… nada. Sin tu espejo no eres nada. Eres una muñeca sin corazón, un trozo de carne con la talla 36. ¡Qué pena me das! Te imagino mirando fotografías antiguas, viviendo eternamente de recuerdos, de glorias pasadas, sola, sin nadie que seque tus lágrimas, sin nadie que aplauda ya tu gran interpretación. Sola. ¡Qué pena, cuando veas pasar ante tus ojos a todos aquellos a los que utilizaste, los que manipulaste, los que dañaste, aquellos que te abrieron su corazón y lo estrujaste en tus manos hasta sacarle todo el jugo para patearlo después! Adivina quién estará en la cabeza del cortejo  entonces. El reloj corre, “amiga”, la cuenta atrás empezó el día que naciste. Y como el reloj corre yo no puedo perder ni un segundo más de mi vida preocupándome por ti. Este es mi epitafio para nuestra relación, para nuestra “gran amistad”, estas que mojan mis mejillas son las últimas lágrimas que mereces. En cuanto arranque el puñal que me clavaste curaré la herida y olvidaré que existes. La vida sigue, la mía, por supuesto. El “show” debe continuar.

Pero para ti ya ha caído el telón. Las luces se han apagado y el escenario está vacío. El patio de butacas está ya casi desierto, para muchos tu función ya está muy vista. Empápate de los aplausos que aún suenan, porque el reloj corre y eso sí que no vas a poder manipularlo.

 

Tic, tac, tic, tac…

martes, 21 de abril de 2009

18 Años...


Ojalá  el lugar en el que estés, sea cual sea, se parezca a esto. 

viernes, 17 de abril de 2009

Una carta al cielo


Después de tantos años, aún te echo de menos. A veces siento que soy una niña pequeña que todavía necesita refugiarse en tus brazos, que me arropes por las noches y que me dejes una tenue luz para ahuyentar los monstruos de mis pesadillas. Recuerdo tu largo y brillante cabello negro, y recuerdo como la cruel enfermedad te lo arrancaba mechón a mechón, igual que te arrancaba la vida minuto a minuto. Recuerdo haber visto esfumarse tus sueños uno a uno, año tras año. Y recuerdo verte luchar cada maldito día de tu corta vida, contra la desgana, contra el desaliento, contra la adversidad, contra ti misma. Tú nunca perteneciste a este mundo, tu paso por él sólo fue un trámite, estuvisteis a prueba, la vida y tú, y no la superasteis.

 

También recuerdo oír en la noche mis gritos ahogados por el dolor, preguntándote por qué, por qué todo, por qué te fuiste tan pronto dejándome tan sola si todavía no estaba preparada, por qué me hiciste crecer demasiado deprisa, por qué una niña pequeña que sólo necesitaba jugar tenía que asumir cosas que no podía entender, por qué creaste en mí esta melancolía que siempre me acompaña, este desasosiego y esta inseguridad que no me deja ser quien soy. Tenías la obligación de protegerme, de evitarme toparme demasiado pronto con la realidad, de crearme un mundo de fantasía que me alejara de la fealdad en que vivíamos. Tenías la obligación de animarme a montar en bicicleta, de enseñarme a nadar, de hacerme creer en los elfos y en las hadas, pero en su lugar  me enseñaste a amar los libros, la música y la poesía. Gracias a eso, pude crear mi propio mundo al que escaparme cuando el mío se desmoronaba. Aún lo hago, ¿sabes?

 

No es tiempo de reproches, es tarde para eso, y, ojalá, estés donde estés, tampoco tú me los hagas a mí. Ojalá hayas podido perdonarme la rebeldía adolescente que tanto te hizo sufrir, las duras palabras que sólo pueden salir de la boca de una niña tonta, inexperta y perdida en un mundo que tampoco le corresponde. No es tiempo de reproches,pero tengo tantas preguntas que hacerte…

Continuará...

 


El suplicio es saber que nunca llegas a poseer a alguien como tú deseas sentirte poseído. Y ya es suficiente castigo.

sábado, 11 de abril de 2009

Quién supiera escribir!!!!


Quién supiera escribir para poder explicar lo que siento, lo que pienso, lo que temo, lo que me duele, lo que me hace feliz….

 

Quién supiera escribir y conseguir que tú me entendieras en todo momento, y tú  y tú y también tú, y tú supieras de una vez la verdad de lo que pienso de ti, que todos lo supierais a ciencia cierta y no tuvierais que suponer, elucubrar, dar por hecho, inventar…

 

Ojalá me fluyeran las palabras adecuadas, las frases exactas, las respuestas correctas, y poder convencer de la verdad a aquél que está equivocado, al que duda, al que desconfía, al que confía.

 

Quién supiera escribir para describir la belleza que yo percibo en una canción, en una sonrisa, en un beso, en una mirada.

 


 

Quién supiera escribir y saber qué decirle a una amiga para arrancarle una sonrisa y hacerle entender que todo pasará, que su destino aún no ha dicho su última palabra, que aún tiene muchas páginas por pasar, que el amor de verdad, el bueno, está ahí mismo, a la vuelta de la esquina, sólo hay qué saber qué esquina hay que volver.

 

Quién supiera escribir, quién conociera todas las palabras, las más bellas, las más crueles, las adecuadas, las limpias, las sucias, las grandes, las pequeñas, las amorosas, las tajantes, las tranquilizadoras, las que animan, las que dan vida, las que matan, las que sentencian, las que absuelven… Todas las palabras…

 

Si supiera escribir podría decirte todo lo que sé, todo lo que no sabes y mucho más.

 

Quién supiera escribir como los grandes, y saber cómo terminar este escrito que no acaba cuando quiere, sino cuando puede.

 

viernes, 10 de abril de 2009

CRÓNICA DE MI MISMA




Y querer merecerme; de veras merecerme. 
Revisar mis dispersas escrituras, 
mi palabra, revisarme el sollozo, 
la garganta, 
auscultarme el latido, desollarme, 
revisarme las venas, las arterias. 
todo el complejo existencial 
que asumo.

Revisar mi conducta, mis proyectos, 
lo soñado, ensoñado, 
lo vivido, 
conformarme de nuevo, aun no inscripta, 
sin visión, sin recuerdo, sin mentiras, 
sin verdades ocultas, temerosas, 
sin impulsos, 
sin deserción, sin este yo 
impreciso.

Revisarme hasta el fondo, descifrarme, 
prenderme, saberme, perdonarme, 
tanto pude y no hice, 
tanto hice febril
a manotazos, 
en apremio suicida, lograr algo, dejar
algo, quedarme allí incrustada, 
en la trama inicial, impenetrable, 
indestructible, quedar, estar, 
ser siempre, 
y vencer de la muerte, 
y de la vida.

Permanecer y ser, por solo acto 
de ingerencia en un sino 
de criatura.

Despedacé mi carne, carne mía, fatigada 
de esfuerzo y sinsabores, me derramé, me di, 
me hice guiñapo; al costado de holgura, 
fui miseria.
Quise tanto y a tantos, y la tierra, 
ese soplo de polvo que me aguarda, 
y mi aventura batalladora hecha 
de timidez, de inermidad
y miedo.
Estos árboles rudos que me vencen 
la mirada, cada vez menos útil, y esta noche
que circunda mis noches y me azuza y me manda 
no dormir, y pensar, y sentir frío, 
y volver al dolor que hice a un costado. 
Yo debo revisarme desde el antes, 
descubrir el motivo, causa, impulso, la razón, 
el por qué, y el hacia adónde, y el por qué 
del por qué de la pregunta.
Ascender la montaña hacia la cima, 
y mirarme, un abismo, 
en el abismo, y elevarme al azul 
por propio esfuerzo apoyándome en mí, 
envolviéndome en mí, 
desde mí misma, 
tirar de mí hacia arriba; tocar siquiera 
una sola estrella, una sola, o su fulgor 
siquiera, o siquiera seguirla 
desnudando
mi vergüenza a su luz. Esta corteza, 
que resquebraja
cada vez que pienso, 
y estas raíces que me petrifican
bajo la inercia de un planeta 
muerto.
Quiero salir maleza a herir caminos, 
y punzarme de heridas, ser, de pronto, 
este mundo y un próximo intuido, 
y recordar, de pronto, un otro antiguo 
mundo en seres golpeados que lloraron 
mucho antes de mí, y que derramaron 
en mi llanto de hoy, su sal y acíbar.

Ser el ánfora quieta de una ignota,
milenaria mansión
sin nada dentro, 
y esperando.

Un océano en peces y vitrales, y en suicidas 
y barcos milenarios; ser la orilla, el camino 
sobre el agua, ser la brújula, el sol rojo 
de noche y el marinero que perdió la novia, 
la llegada y el puerto, abigarradas 
multitudes ruidosas, 
y en mí, nadie.

Asomarme a la ardiente boca ígnea 
de un volcán que despierta en el incendio, 
y saber que soy fuego y quemadura, 
que la lava soy yo, 
descascarando;
desnudada, sentirme leña al rojo, derramado 
mineral, 
embistiendo la ladera, burbujeante y hervida.

Merecerme, de veras merecerme; 
en cuclillas orar, sin darme cuenta, 
porque quiera la entraña de mi madre, 
exhalarme a la luz, y ser pequeña, 
respirar, prometer, ser la esperanza 
para alguien, sin nada más que el hilo, 
que amenaza romper de una esperanza.

Merecerme de veras; ya retorno 
del altar y del lodo, del sollozo, 
del gemido y del canto, de mi propio 
funeral, y me escucho como corro 
anhelante y jadeante
a mi bautismo.


Matilde Alba Swan